jueves, 23 de julio de 2015

Solos mi Whatsapp y yo



Mucha gente ha reemplazado el teléfono con el Whatsapp. Eso es práctico en circunstancias específicas, pero absurdo en las relaciones familiares o de amistad. Es más fácil porque compromete menos tiempo y esfuerzo, pero esto evidencia menos atención e interés.
El teléfono reemplazó el encuentro periódico con amigos y seres queridos y las relaciones nunca volvieron a ser lo mismo. El abuso del Whatsapp es aun peor y nos llevará al aislamiento. No podemos reemplazar con un mensaje impersonal emitido sin esfuerzo, o redactado mientras hacemos otras cosas, el valor que tiene en las relaciones escuchar la voz del otro, reír, acotar y divagar a través del teléfono. Menos aún pueden remplazar estas dos cosas la experiencia de compartir ambiente, música, silencios, un café o una copa de vino viendo la cara del otro, leyendo en sus ojos sus emociones, o sintiendo su mano sobre la nuestra.
Nos hemos vuelto cómodos, perezosos y automatizados, y estamos pagando el precio sin detenernos a pensarlo demasiado. Nos estamos aislando cada día más en esta fantasía de estar más y mejor comunicados. Estos medios tan útiles en muchos casos, nos privan de la información complementaria, indispensable en las relaciones afectivas. Por eso cada vez hay más gente lamentando sentirse solos, a pesar de las redes sociales, y el whatsapp. Hemos caído en el grave error de creer que esas relaciones son equivalentes al contacto cara a cara.
A las personas que me importan les envío whatsapp y fotos pero, pero periódicamente las llamo por teléfono, y si me lo permiten tomo la iniciativa e insisto en programar un encuentro.


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